RECURSOS

Herramientas y guías para mejorar la comunicación y el crecimiento.

Ábrete a recibir: Sobre la Herida y la Sabiduría de Recibir

15/07/2025

escrita por Paula Alonso Álvarez

Aprende y experimenta junto a nosotros cómo estas 3 etapas han transformado y seguirán transformando nuestras vidas en los próximos 20 años.

Te adjuntamos algunas reseñas de participantes de la anterior edición:

Os recomiendo este workshop muy ameno, práctico e interesante que me ha ayudado a conocer los aspectos teóricos del paso de Plutón y sobre todo me ha proporcionado habilidades para una mejor comprensión e interpretación de mi realidad actual y la de los últimos 16 años, para mejorar mi toma de decisiones de cara a la nueva larga etapa de Plutón en Acuario que recién empieza.

Olga N. , Barcelona

Un taller ameno y revelador donde Carles nos acerca a una astrología entendible y nos acompaña junto a Paula en un viaje hacia nuestro interior en busca de la reflexión que nos pueda ayudar en nuestro programa de vida.

Alba P., Niza, Francia.

El Workshop, para mí, ha supesto darme cuenta de repeticiones en mi camino de vida de mis últimos años y adentrarme en la influencia que Plutón ha tenido en ellas. Es una forma de ir ordenándome a mi misma y encontrar algunas respuestas. También de seguir confiando en la vida, en mi proceso personal y el compartido con el resto del grupo. Muchísimas gracias por todo.

Elisenda C. Baix Llobregat, Barcelona

Reflexionaremos juntos sobre preguntas como:

  • ¿Qué experiencias te han hecho sentir desposeíd@ de tu poder en los últimos 16 años?
  • Después de estas experiencias, ¿qué has comprendido que debías aprender, aceptar o vivir para lograr cambios significativos en tu vida?
  • ¿Qué decisiones has tenido que tomar, incluso en contra de tu voluntad o planes iniciales, para superar estos retos?

Ahora, ante la inminente entrada de Plutón en Acuario, te invitaremos a reflexionar:

  • ¿Sientes que estás atrapad@ en patrones repetitivos del pasado o, por el contrario, te sientes presente y alinead@?
  • ¿Qué aspectos de tu vida actual crees que necesitan un cambio profundo?
  • ¿Notas alguna repetición de situaciones similares a las de los últimos 16 años?
  • ¿Cómo puedes distinguir entre tus deseos personales y los objetivos que están alineados con tu propósito de vida?
  • ¿Qué ha significado el tránsito de Plutón por Capricornio a nivel colectivo y qué implicaciones tendrá su entrada en Acuario?

En este taller te ofrecemos:

  • Pautas claras para comprender la importancia de Plutón en tu carta natal y cómo te influye según tu año de nacimiento.
  • Entender el tránsito de Plutón por Capricornio en tu carta natal, considerando las casas por las que ha transitado.
  • Herramientas prácticas para entender cómo te afectará la entrada de Plutón en Acuario y qué oportunidades te brinda.
  • Una experiencia transformadora que te conectará a nivel físico, emocional y mental con lo que debes dejar atrás y hacia dónde dirigir tu energía.

¿Qué lograrás al participar?

  • Comprenderás tu propio recorrido de los últimos 16 años y darás el primer paso para abrazar este nuevo ciclo.
  • Identificarás los patrones que te limitan y descubrirás cómo aprovechar al máximo este momento de cambio.
  • Te sentirás empoderad@ para tomar decisiones alineadas con tu verdadero ser.

¡No te pierdas esta oportunidad para empezar a transformar tu vida!

Fecha:

Domingo 1 de Diciembre

  • De 18h a 20h30
  • Online: vía Zoom

Requisitos:

  • Para todos los públicos. No hace falta que tengas hecha una lectura de tu carta astral ni que sepas nada de astrología o somática.
  • Importante haber leído el artículo sobre Las 3 Etapas de Plutón, a continuación en este mismo post.
  • Estar con la cámara encendida durante el workshop.
  • Pedimos amablemente que haya una sola persona por reserva y conexión.
  • Tener tu carta natal a la vista, en el formato que quieras. La puedes obtener en www.astrospica.net

Precio:

  • 55€ reserva anticipada
  • 75€ 24h antes del taller o el mismo día

Impartido por:

  • Carles Pérez. Astrólogo, Terapeuta de Desarrollo Integral.
  • Paula Alonso. Somatic Practitioner.

Reserva tu plaza, haznos preguntas y preguntanos dudas, mandándonos un email a carlestheastrologer@gmail.com.

Hay una quietud particular que precede al acto de recibir. Una pausa, como un suspiro contenido. Una puerta que se abre—no en el mundo exterior, sino en la arquitectura suave de nuestro ser. Y en ese instante, algo en nosotr@s se estremece. Dudamos. Quizás sonreímos y desviamos el cumplido, devolvemos algo demasiado rápido o diluimos la intensidad de lo que se nos ha ofrecido. Una parte de nosotr@s lo desea. Lo anhela. Lo necesita. Pero otra parte susurra: Todavía no. No así. No ahora.

¿Por qué es tan difícil recibir?

Hablamos de manifestación, de atraer lo que deseamos, de anhelar más—más amor, más abundancia, más apoyo, más belleza, más conexión. Pero cuando finalmente llega la oportunidad, a menudo sin anuncio y envuelta en imperfección, nos paralizamos. La cuestionamos. La desconfiamos. O peor—creemos en silencio que no la merecemos.

Recibir, en su esencia, es un acto de apertura. Requiere rendición. Vulnerabilidad. Presencia.
Recibir es dejarnos llenar. Y para muchas de nosotras, eso da miedo. En algún punto del camino aprendimos que abrirnos es exponernos. Y exponerse es arriesgarse a ser heridas, endeudadas, abandonadas o juzgadas.

No se trata de una falla de carácter.

Es un pacto sagrado que quizás ya no necesitamos honrar.

Las Raíces de la Resistencia

Recibir es abrirse. Y abrirse es volverse permeable. Visible. Sentid@. Transformad@. En una cultura que glorifica la independencia y la hiperfuncionalidad, la suavidad necesaria para recibir se malinterpreta a menudo como debilidad.

Dentro de muchas de nosotr@s vive un contrato silencioso heredado de nuestras líneas familiares, religiones o infancias. Contratos como:

  • Debo demostrar que soy buen@ antes de poder ser amad@.

  • Solo lo que se obtiene con sacrificio tiene valor.

  • Si recibo demasiado, quedaré en deuda o seré rechazad@.

  • No debería desear más de lo que otr@s han tenido.

Estas creencias están profundamente arraigadas. Moldean la forma en que habitamos nuestros cuerpos, cómo entramos en relaciones, incluso cómo oramos. Recibir se vuelve un riesgo—de abandono, de vergüenza, de ser vist@s como egoístas o perezos@s.

Pero en la raíz de todo, hay una pregunta más profunda que tiembla por dentro:
¿Merezco esto?

A veces creemos que el bloqueo es externo: falta de tiempo, dinero, reconocimiento o apoyo. Pero con frecuencia, el verdadero bloqueo es interno: una herida que susurra, no lo merecesno has hecho lo suficientedebes ganarte el derecho a recibir.

Estas creencias no son defectos personales. Son moldes heredados. Heridas ancestrales. Impresiones culturales. Códigos religiosos. En un mundo moldeado por estructuras patriarcales, lógicas coloniales y la glorificación del sacrificio, dar se volvió virtud y recibir, sospechoso. Aprendimos a sobre-funcionar, sobre-servir, sobre-dar… y a sentir culpa por simplemente existir.

Hay muchas formas de heridas que interfieren con nuestra capacidad de recibir:

  • La Herida del Merecimiento: La sensación de no ser suficiente, a menos que sea perfect@, productiv@ o necesari@.

  • La Herida del Esfuerzo: La creencia de que la recompensa solo llega después del dolor, que el placer debe ganarse con sufrimiento.

  • La Herida de la Escasez: El miedo de que no hay suficiente para tod@s, y que si yo recibo, otr@ pierde.

  • La Herida de la Lealtad: Si mis ancestr@s o cuidadores nunca recibieron amor, descanso, abundancia o placer—¿quién soy yo para tenerlo?

Cada una de estas heridas crea un contrato silencioso dentro de nosotr@s. Una memoria ancestral. Algo como: No recibiré hasta que demuestre que soy buen@. O: No debo brillar más que quienes me precedieron.

Entre la Gracia y la Culpa

En la tradición judeocristiana, el concepto de gracia es amor divino dado libremente, no porque lo hayamos ganado, sino porque está en la naturaleza de lo divino dar. Y sin embargo, la misma tradición añadió la idea del pecado original, creando confusión:

¿Cómo puedo ser dign@ si nací rot@?

Much@s crecimos absorbiendo esa paradoja. En nuestros huesos llevamos una tensión entre la gracia y la culpa. Entre el alma que anhela recibir con reverencia y el ego que insiste en que todo debe pagarse con sufrimiento.

El Cuerpo Recuerda

A veces, la incapacidad de recibir no es solo emocional—es somática. El sistema nervioso, moldeado por años de vigilancia, puede no reconocer seguridad en la quietud, la bondad o la suavidad. Quienes crecimos en modo supervivencia—donde el amor era condicional, o los regalos venían con trampa—recibir puede sentirse desorientador, incluso amenazante.

Una mujer me dijo una vez: “Cuando alguien es amable conmigo, el estómago se me encoge. Quiero salir corriendo. Es demasiado.”

Eso no es resistencia. Es memoria.

El cuerpo recordando el costo de haberse abierto en el pasado. El dolor de promesas vacías. La decepción de oportunidades que se volvieron ceniza.

Recibir, entonces, no es solo una decisión—es una práctica de reconfiguración. De reentrenar el cuerpo y el alma para decir  a lo que es bueno. Para aprender a ser nutrid@s sin culpa. Para ser vist@s sin encogernos. Para dejar entrar la alegría sin temor a perderla.

Recibir como Práctica Sagrada

Recibir no es pasivo. Es una práctica espiritual. Un acto de recuerdo. Un regreso al saber profundo de que tú eres vida, y la vida es generosa por naturaleza. Es volverse recipiente. Cáliz. Campo listo para la lluvia.

En muchas tradiciones ancestrales—especialmente las matriarcales y basadas en la tierra—recibir no era vergonzoso, sino sagrado. Recibir era honrar a quien da. Participar en la red. Dejar fluir el río de la reciprocidad.

Recibir es dejarse amar. Dejarse transformar. Es confiar en que ya somos suficientes—no después del esfuerzo, no tras pagar un precio—sino simplemente por estar aquí.

Hay algo profundamente rebelde en recibir sin pedir disculpas.

Recibir es recordar que tu valor no es transaccional.

Que no necesitas agotarte para ser amad@.

Que el descanso no es pecado.

Que la vida desea darte—no como premio, sino como expresión de su naturaleza.

¿Qué pasaría si dejaras de preguntarte: ¿He trabajado lo suficiente para recibir esto?
Y empezaras a preguntarte: ¿Puedo confiar en que ya soy suficiente?

Esto no se trata de privilegio. Se trata de sanación. De restaurar un equilibrio que el patriarcado, el capitalismo y el trauma distorsionaron. Donde el dar se santificó y el recibir se castigó. Donde el martirio fue exaltado y la receptividad, avergonzada.

Recibir sin culpa es reparar algo antiguo en el campo.

Ábrete a recibir

¿Qué pasaría si recibir no fuera el final del esfuerzo, sino el alimento que lo hace sostenible?
¿Qué pasaría si recibir no fuera egoísta, sino relacional?

¿Qué pasaría si no tuvieras que ser perfect@, sanad@ o sant@ para recibir… sino simplemente abiert@?

A veces, la Vida llama. No con castigo, sino con provisión.

Y comenzamos despacio. Con gestos pequeños.

  • Decir “gracias” sin más.

  • Detenernos a sentir el calor de un cumplido sin descartarlo.

  • Dejarnos sostener, ayudar, acompañar—sin apurarnos a devolver algo.

  • Escuchar belleza. Recibir silencio. Empaparnos de placer.

Una mujer me dijo una vez: “Estoy aprendiendo a decir ‘gracias’ incluso cuando mi mente grita ‘no lo mereces’. Lo digo por la niña que fui, que nunca escuchó que estaba bien recibir.”

Sí. También recibimos por ell@s.

Por nuestras ancestr@s que no pudieron.

Por las partes de nosotr@s hambrientas de ternura.

Por la línea que viene después.